Para disfrutar en la edad adulta de una dentadura sana y estética es necesario que empecemos a cuidarnos desde niños. Los dientes y las estructuras que los albergan no son ajenas a los hábitos de la infancia.

Es más, pocas cosas dependen tanto de lo que hagamos de pequeños como nuestra dentadura. En este sentido, eliminar los malos hábitos ayudará a que el desarrollo dental de los niños sea el adecuado. Veamos cuáles son los hábitos que afectan al desarrollo de los dientes.

1. Una mala higiene

Probablemente el factor más determinante para la boca de un niño. Una mala higiene bucodental en edad de crecimiento conduce a la acumulación de placa bacteriana y, por tanto, a la aparición de diversos problemas, como, por ejemplo, caries, sarro, gingivitis, pérdida de dientes, etc.

Hay que pensar que la pérdida prematura de un diente de leche condiciona irremediablemente la dentadura definitiva, llegando a afectar a las estructuras dentomaxilofaciales del niño.

Una mala higiene dental infantil

Por lo tanto, la idea que los dientes de leche no son tan importantes y podemos descuidarlos es falsa y puede llevar a graves problemas de salud en el futuro.

Lo único necesario para poder empezar a usar el cepillo de dientes es tener dientes. Por lo tanto, cuando el primer diente asoma hay que iniciar el hábito de la higiene dental. Evidentemente, y hasta que el niño no tenga cierta autonomía y habilidad para cepillarse, deberá ser el adulto quien cepille y supervise la higiene del niño. El cepillado deberá incluir una pequeña porción de pasta dentífrica que contenga flúor y, a medida que el niño crezca, podremos ir sumando recursos cono el hilo dental o los cepillos interdentales.

2. Hábitos de Succión

Por succión se entiende la conducta refleja de succionar aquello que entra en contacto con los labios del recién nacido. Es una conducta automática que busca la simple supervivencia del niño al procurarle la alimentación a través de los pechos de la madre (o biberón). Sin embargo, cuando esta conducta no tiene como objetivo la alimentación y se extiende más de lo necesario, la succión provoca problemas en las estructuras dentomaxilofaciales de los niños.

En algunos casos este hábito compulsivo y repetitivo se llega a extender durante años, algo que perjudica seriamente el desarrollo tanto de los maxilares como los dientes del niño.

Estos son los principales hábitos de succión:

E

Chupete:

Sin duda, una gran ayuda para el desahogo emocional de los niños -y sobre todo padres-, pero, a la vez, un gran problema para el desarrollo de los maxilares y los dientes.

Así, el uso y abuso del chupete más allá de los 2 años es un hábito injustificable que nunca se debería de producir. En ocasiones se abusa también del biberón, utilizándolo para ingerir todo tipo de líquidos, de manera que el biberón se convierte en un chupete enmascarado.

E

Chuparse el dedo:

Este hábito es, si cabe, más perjudicial que el anterior, ya que la presión del dedo contra el paladar deforma el maxilar superior más que la silicona del chupete.

Esta deformación producida por la succión del dedo (normalmente el pulgar), produce problemas de oclusión, como, por ejemplo, mordida abierta o paladar ojival. En pocas palabras, este hábito deforma la boca del niño.

Hábitos de Succión perjudiciales parta los dientes

3. Deglución atípica

Este hábito no es tan conocido como los anteriores, aunque puede generar problemas de igual magnitud.

La deglución atípica consiste en una mala colocación de la lengua en el momento de tragar. En concreto, en la deglución atípica, la lengua se posiciona tras los incisivos centrales en lugar posicionarse bajo el paladar, lo que provoca en empuje constante de los dientes centrales y por tanto su desplazamiento hacia delante. Este desplazamiento de los incisivos centrales de la arcada superior provoca, a su vez, que estos no contacten durante la oclusión con los dientes de la arcada inferior.

Para corregir este hábito de deglución será necesaria la colaboración del especialista en este ámbito, a saber, el logopeda, por lo que el abordaje deberá ser multidisciplinar.

4. Respiración oral

Hasta la manera de respirar puede constituir un problema para nuestros dientes.

Así, cuando el niño respira por la boca en lugar de por la nariz, pueden aparecer problemas como, por ejemplo, maloclusión, caries, gingivitis, periodontitis, halitosis y hasta apneas del sueño debido a la falta de oxígeno.

Es importante en este sentido que el niño acuda al especialista de las vías aéreas para poder corregir el problema, ya que de acostumbrarse a esta situación los problemas, tarde o temprano, aparecerán.

respiracion oral y salud dental

5. Malos usos de los dientes

Algunos malos hábitos con los dientes son habituales en los niños. Por ejemplo, es habitual ver a los niños morder bolígrafos, prendas de ropa o cualquier objeto que tengan a mano. Esto, además de ser totalmente antihigiénico puesto que las bacterias entrar libremente en la boca, genera presión y movimientos indeseados en los dientes.

Otro de los hábitos más comunes en niños (y adultos, por cierto) es el de utilizar los dientes como herramientas. Por ejemplo, abrir paquetes de plástico, desenroscar tapas, cortar hilos, cortar cinta adhesiva o morderse las uñas. Todas estas utilidades, digamos que, extras, no hacen más que perjudicar seriamente la salud bucodental ya que causan roturas y movimientos indeseados de los dientes. Es importante aquí que los adultos hagan un buen uso de su boca para transmitir a los niños la necesidad de cuidar la suya.

malos usos de los dientes - mordedor infantil

6. Consumo de Azúcar

El exceso de azúcar refinado en la dieta de los niños es uno de los problemas endémicos de sociedad occidental. Hemos de pensar que el azúcar refinado provoca que las bacterias de la cavidad oral metabolicen, produciendo un ácido que destruye los minerales de los dientes, lo que a su vez conduce a la formación de caries.

Por lo tanto, la solución es sencilla: basta con eliminar o reducir drásticamente el consumo de golosinas, refrescos, dulces, bollería y cualquier producto que contenga alto contenido en azúcar y substituirlo por alimentos nutritivos y saludables.

Consumo de azúcar y salud dental infantil

7. Triturar alimentos

A partir de los 6 meses de edad, los alimentos que ofrecemos a los bebés deben empezar a tener texturas y cierta consistencia. Así, la comida estimula las encías, los dientes y los músculos faciales, cosa que si trituramos en exceso los alimentos no puede desarrollarse. Es por ello que conviene consultar al pediatra sobre qué alimentos tienen que comenzar a ser sólidos o semiblandos a partir de esa edad para favorecer el desarrollo de la boca del niño.

8. No llevar al niño al dentista

Seguramente uno de los hechos más relacionados con los problemas bucodentales. Los niños deben visitar al odontólogo tan pronto tengan dientes y continuar acudiendo periódicamente para poder controlar su correcto desarrollo.

Si no llevamos a nuestros hijos al dentista pensando que ante la ausencia de problemas no hay que acudir, quizá cuando los problemas afloren sea demasiado tarde. De lo contrario, si hacemos revisiones periódicas no dejaremos que los posibles problemas adquieran una magnitud importante.

Ir al dentista con tu hijo

Además, es altamente aconsejable que el niño visite al dentista cuando no presente problemas bucodentales, ya que así evitamos que la primera visita al dentista comporte un tratamiento intrusivo y quizá doloroso y que, por tanto, pueda experimentarse como traumático, condicionando su futura relación con las clínicas dentales.

Higiene dental infantil y aprendizaje

Los adultos tienen la llave

Los modelos sociales tienen gran importancia en cuanto a la conducta que adquieran los niños. Y en este aspecto, la conducta de los padres y personas cercanas es aún más determinante. Por eso es necesario que los padres, tutores y cuidadores de los menores sean un buen ejemplo para ellos.

Es difícil que un niño mantenga buenos hábitos de salud bucodental cuando sus padres no lo hacen. Así, es más probable que un niño presente problemas bucodentales si en casa sus padres no van al dentista, no se lavan los dientes, tienen y muestran problemas bucodentales o sencillamente no consideran como importante la salud bucodental.

Seamos conscientes; nuestro modelo de conducta puede ayudar a que nuestros hijos crezcan aprendiendo a cuidar sus dientes. En este sentido, si nos esforzamos en traspasarles esa responsabilidad por nuestros cuidados bucodentales, seguramente disfrutarán de una boca saludable cuando sean mayores.

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